viernes, 30 de enero de 2009
194
Cuando la vio bajando del autobús los años parecieron desaparecer. Su rostro estaba envejecido, solo un poco arrugado. Pero sus ojos aún estaban tan claros. Él tomó su café y salió de prisa antes de que ella se fuera. Luego se acercó a ella como un niño pequeño, muy asustado por lo que tenía que decir. “Hola Louise, ¿Me recuerdas? Ahora, ¿nos despedimos o nos quedamos un rato? Como si aún fuéramos amantes” ella se tomó un momento para reconocer al hombre que había conocido tan bien anteriormente. Y cuando él empezó a disculparse, perdió toda amargura guardada. Ella amablemente puso su dedo en sus labios para hacerle saber que entendía. Y con su maleta en el suelo lo abrazó como un amante lo haría. “Louise, luces muy bien. Es que ya lo ves, tu me haces sentir como si aún fuéramos amantes” No siempre es verdad que el tiempo cura todas las heridas. Hay heridas que no quieres curar. Los recuerdos de algo realmente bueno, algo realmente real, que nunca volviste a encontrar… Y aunque conversaron poco tiempo, antes de que ella dijera que tenía que irse, él vio el encuentro como una pequeña señal que le dijo todo lo que debía saber. Y entonces Louise saludó desde el autobús y mientras se iba le sonrió como si aun fueran amantes. No siempre es verdad que el tiempo cura todas las heridas. Hay heridas que no quieres curar. Los recuerdos de algo realmente bueno, algo realmente real, que nunca volvimos a encontrar.
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