Yo quiero que me quieras como soy
Yo quiero que me quieras porque sí
Te vas amor. Si así lo quieres, ¿Qué puedo yo hacer? Tu vanidad no te deja entender que en la pobreza se sabe querer. Y quiero llorar y me destroza que pienses así y más que ahora me quede sin ti. Me duele lo que tú vas a sufrir. Pero recuerda nadie es perfecto y tu lo verás. Más de mil cosas mejores tendrás, pero cariño sincero jamás. Vete olvidando de esto que hoy dejas y que cambiarás por la aventura que tú ya verás. Será tu cárcel y nunca saldrás.
No te preocupes por mi corazón porque cuando sienta algo no lo voy a dejar seguir. Ya estuve en este lugar y estoy de vuelta. Aprendí mi lección de que el amor no está de mi parte.
Tal vez mi corazón se fue, no te pudo acompañar, no más, se fue de viaje a otro lugar. Yo se que duele terminar, que el mundo no se va a acabar y que la vida debe continuar. Y aunque mañana te siga pensando, se que tu y yo no podemos hablarnos. Tal vez, será mejor. Y aunque la duda me robe un suspiro será difícil que seamos amigos. Tal vez será mejor.
La ruleta rusa no es lo mismo sin un arma.
Y nene, cuando es amor,
si no es difícil no es divertido.
¿Qué se supone que yo haré? ¿Esperarte otra vez? Eso no va más, ya no hay vuelta atrás. Necesito más tiempo y moverme. Necesito sentirme más fuerte. Estoy pensando más en mí, soy demasiado buena para ti.
Me acobardó la soledad y el miedo enorme de morir lejos de ti.
Qué ganas tuve de llorar sintiendo junto a mí la burla de la realidad.
Y el corazón me suplicó que te buscara y que le diera su querer.
Me lo pedía el corazón y entonces te busqué creyéndote mi salvación.
Y ahora que estoy frente a ti parecemos dos extraños.
Lección que por fin aprendí, cómo cambian las cosas los años.
Angustia de saber muerta ya la ilusión y la fe.
Perdón si me ves lagrimear, los recuerdos me han hecho mal.
Vení… charlemos, sentate un poco.
La humanidad se viene encima.
Ya no podemos, hermano loco
buscar a Dios por las esquinas…
Se lo llevaron, lo secuestraron
y nadie paga su rescate.
Vení que afuera está el turbión,
de tanta gente sin piedad,
de tanto ser sin corazón.
Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un wisky on the rocks, en vez de fingir o estrellarme una copa de celos, le dio por reír. De pronto me vi, como un perro de nadie, ladrando a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo.