El llegaba yo dormía. En silencio se acercaba, me dejaba una caricia y en sus brazos me tomaba. Cuando su cuerpo sentía poco a poco despertaba y mi miedo se moría cuando él me hablaba. “tranquila amor, tranquila, duerme que soy yo, mi vida.” Y yo le creía. Hasta que un día sin querer descubrí que era todo mentira. Esas caricias no eran solo mías y las palabras que el siempre decía. Yo era dueña de la noche pero ella del día. Y todo el tiempo que nunca me daba, todo ese tiempo de mí se reía. Yo era dueña de la noche pero no de su vida. Era todo mentira.
Todavía no ha cambiado aunque él no lo sabia, yo trataba de olvidarme pero era inútil no podía. Tan profundo y tan grande era el amor que yo le daba y no podía acostumbrarme a saber que me engañaba.
El llegó yo no dormía en silencio lo esperaba. Cuando se acercó a abrazarme, puse fin allá su vida. Y vinieron a buscarme y estoy aquí desde aquel día y en la noche al acostarme aún lo escucho todavía. “tranquila amor, tranquila, duerme que soy yo, mi vida.” Y yo me reía. Porque al final descubrí que ¡él no me mentía! Esas caricias eran solo mías. Todo fue invento de mis fantasías. Yo era dueña de su vida y el ya no vivía. Y una mañana yo me marché a buscarlo, para estar juntos como el primer día y al encontrarme me abrazó y me dijo: “tranquila amor, tranquila”.
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