Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un wisky on the rocks, en vez de fingir o estrellarme una copa de celos, le dio por reír. De pronto me vi, como un perro de nadie, ladrando a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo.
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