Dicen que el hombre es un animal de costumbre. Nos gusta la costumbre, cualquier cosa que nos saque de eso nos desconcierta. Todo es cuestión de costumbre. Nos acostumbramos incluso a lo que nos hace mal. Mejor malo conocido que bueno por conocer, ¿no? Lo nuevo, a lo que no estamos acostumbrados, nos desconcierta, nos inquieta. ¿Para qué vamos a cambiar si así estamos bien.
Nunca nadie me va a amar de verdad. No se que tengo, pero no me aman. Prefieren a otras. ¿Porque son rubias, porque tienen ojos verdes, porque son mas lindas que yo? No se… no se si es eso, no se porque es…
Tengo un dolor acá en la panza que no puedo más. Se que me pueden decir que soy Lunda, que tengo onda, que soy re top, y yo no lo creo. Porque yo se que no es así. Yo estoy acostumbrada a esto. La primera vez que yo sentí que valía la pena fue cuando él se fijó en mí, y así aprendí a sentir que valía la pena. Pero después se enamoró de otra, y ya no puedo más. Ya sé, que alguien me mire, me elija o no, no me hace más o menos valiosa. Ya se que depende de mí, y me lo dicen todos y me lo digo yo, y no me lo creo a eso. ¿Por qué es tan difícil todo?
¿Cómo hacer de un día para el otro para vivir sin eso que era la razón de tu vida? Da pánico la idea de despertar y sentir que todo cambió, que nada es como era. Cuando te acostumbras a un amor, a una piel, a un olorcito, a una sonrisa… perder eso es como quedarte sin aire.
No quiero sufrir más, no lo soporto. Me tengo que acostumbrar a las decepciones, así es el amor. Pero no, el amor no es lo mío me parece. Es así juro que ya no soporto más esto. Yo no me quiero, me detesto, y mientras yo no me quiera nadie me va a querer. Ya estoy acostumbrada a odiarme, y nunca lo voy a poder cambiar.
Hay flores más fáciles, y otras mas difíciles… pero todas, en algún momento se abren y sueltan su esencia.
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