miércoles, 4 de marzo de 2009

250

Alguna tarde gris, en la que estaba ciega,

Pensé que era horrible la vida.

El miedo, la incertidumbre, el camino interminable.

La sensación de no saber donde pisar.

El temor al amor, al futuro, al éxito.

El pánico a lo desconocido que trae consigo el pasar del tiempo.

Al sentimiento de frustración que dejan las decepciones.

La constante crítica a las decisiones.

El saber si se actúa bien o se actúa mal.

El peso de los errores, de las decisiones mal tomadas.

Los kilos y kilos de pasado acumulados en la espalda.

Varias noches han pasado ya desde aquella tarde...

Un día abrí los ojos y comencé a ver el mundo.

Y ví árboles y montañas.

Nubes y paisajes coloridos.

Niños y ancianos caminaban sintiendo en sus mejillas sol y viento.

Y entonces caminé con ellos.

Y me dejé abrazar por ese algo que es más grande.

Y abrí los ojos. Y dejé de ser ciega.

Y vi el amor en toda la extensión de la palabra.

Y no tuve más ni miedo ni temores.

Hoy la tarde es roja y es invierno.

Hoy hace sol y es diciembre.

No más miedo al amor ni al destino.

Ni al camino ni al desierto.

Abrí los ojos... y te ví.

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